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¿Cuál es el problema de derechos humanos número uno que enfrentan los votantes?

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Padre Shenan J. Boquet
Presidente
Human Life International 

Hay algunos ataques a la dignidad humana que son tan atroces que, en la medida en que son defendidos o pasados por alto por una sociedad, impiden que esa sociedad pretenda ser “justa”.

El aborto es uno de esos ataques.

El concepto mismo de derechos humanos carece de sentido si entre esos derechos no se incluye el derecho universal a la vida. Esa es la lógica básica. Si un ser humano puede ser aniquilado por cualquier motivo, o sin motivo alguno, o si el derecho a la vida solo se concede sobre la base de ciertos criterios, entonces todos los demás derechos de los que supuestamente disfruta un ser humano descansan sobre una base de arena. El Papa San Juan Pablo II lo declara sucintamente:

La inviolabilidad de la persona, reflejo de la absoluta inviolabilidad del mismo Dios, encuentra su primera y fundamental expresión en la inviolabilidad de la vida humana. Se ha hecho habitual hablar, y con razón, sobre los derechos humanos; como por ejemplo sobre el derecho a la salud, a la vivienda, al trabajo, a la familia y a la cultura. De todos modos, esa preocupación resulta falsa e ilusoria si no se defiende con la máxima determinación el derecho a la vida como el derecho primario y fontal, condición de todos los otros derechos de la persona (Christifideles Laici, no. 38).

Por eso, podemos decir con razón que la justicia social comienza en el útero.

En noviembre pasado, los obispos estadounidenses reafirmaron esta verdad, cuando escribieron en una carta que acompañaba a su guía para los votantes del año 2020 que “la amenaza del aborto sigue siendo nuestra prioridad preeminente porque ataca directamente a la vida misma, porque tiene lugar dentro del santuario de la familia y por la cantidad de vidas destruidas” [1].

Una clase magistral de distorsión moral

Algunas personas (incluido un cardenal estadounidense) criticaron a los obispos estadounidenses por esta declaración. Entre varias críticas, afirmaron que contradecía el énfasis del Papa Francisco en otros temas como la inmigración y la pobreza. En el período previo a las elecciones estatales y nacionales, estamos escuchando nuevamente tales críticas, con varias voces que critican a los provida por ser votantes de mente estrecha y centrados en “un solo tema”. El aborto, se nos dice, es solo una cuestión entre muchas otras que deben sopesarse en la balanza de los valores.

Quizás la versión más asombrosamente equivocada de este argumento fue presentada la semana pasada por un grupo de evangélicos que se llamaban a sí mismos “Evangélicos provida a favor de Biden”. En un comunicado, este grupo dijo que “no están de acuerdo” con la postura a favor del aborto de Biden y del Partido Demócrata. Sin embargo, añaden, han llegado a la conclusión de que es “provida” votar por él, por su postura en temas como la pobreza, el racismo, la salud y el medio ambiente [2].

El grupo emitió su declaración el viernes 2 de octubre. Tres días después, durante una reunión con el público que se llevó a cabo en un ayuntamiento, se le preguntó a Biden cómo protegería los “derechos reproductivos” [= aborto] si la candidata a la corte suprema Amy Coney Barrett ayudaba a revocar Roe v. Wade. Biden respondió: “La única respuesta responsable a eso sería aprobar una legislación que convierta a Roe vs. Wade en la ley para todo el país. Eso es lo que yo haría” [3]. [Nota del Editor: Roe v. Wade fue la sentencia que emitió el Tribunal Supremo de EEUU en 1973 que legalizó el aborto a petición en todo el país.]

Como el presidente Trump tuiteara (y con razón) en respuesta a esta afirmación de Joe Biden: “Wow. Joe Biden acaba de adoptar una posición más liberal con relación a Roe v. Wade que [la excandidata a la presidencia] Elizabeth Warren”. Y agregó: “Biden y los demócratas acaban de aclarar el hecho de que están totalmente a favor del ABORTO (muy) TARDÍO, es decir, hasta el momento del nacimiento y más allá, lo cual sería una ejecución”.

Sin embargo, en su declaración, los evangélicos “provida” a favor de Biden escribieron que creen que “en conjunto, las políticas de Joe Biden son más consistentes con la ética de la vida que encontramos en la Biblia que las de Donald Trump”. Alguien, sin embargo, va a tener que explicarme cómo comprometerse a codificar dentro la ley federal el espantoso homicidio de seres humanos inocentes refleja de alguna manera una “ética de la vida que encontramos en la Biblia”.

En su documento sobre la votación, Forming Consciences for Faithful Citizenship (“La formación de la conciencia para una ciudadanía fiel”, traducción libre), los obispos estadounidenses escriben que una de las principales tentaciones que amenaza con “distorsionar la defensa de la vida y la dignidad humanas por parte de la Iglesia” es “una equivalencia moral que no hace distinciones éticas entre diferentes tipos de cuestiones relacionadas con la vida y la dignidad humanas”. La postura adoptada por los evangélicos “provida” a favor Biden equivale a una clase magistral de esta forma de distorsión.

El aborto no es “un problema entre muchos”

En un comunicado en el que anunciaba a octubre como el Mes del Respeto a la Vida, el Arzobispo Joseph F. Naumann, Presidente del Comité de Actividades Pro-Vida de la Conferencia de Obispos Católicos de EEUU nos relata lo que sucedió cuando él le comentó personalmente al Papa Francisco las críticas que los obispos habían recibido en EEUU por llamar al aborto su “prioridad preeminente”. “El Santo Padre expresó su apoyo a nuestros esfuerzos y señaló que, si no protegemos la vida, ningún otro derecho importa”, explicó el arzobispo Naumann. “El Papa Francisco también dijo que el aborto no es principalmente un problema católico o incluso religioso, es ante todo un problema de derechos humanos”.

Como escribieron los obispos de EEUU en su documento apenas citado sobre la formación de la conciencia cívica: “La destrucción directa e intencional de la vida humana inocente desde el momento de la concepción hasta la muerte natural es siempre un acto grave y no es solo un problema entre muchos. Siempre hay que oponerse a ello”.

De hecho, en el fondo, el aborto es uno de los problemas morales menos complicados de constatar como un acto grave que enfrenta nuestra sociedad. Como señaló correctamente el Santo Padre, no es necesario ser cristiano para reconocer que el aborto es un enorme mal. Todo lo que se necesita es reconocer estas dos verdades básicas: 1) Todo ser humano está dotado del derecho a la vida por el mero hecho de ser un ser humano, y 2) El bebé no nacido es un ser humano.

Desafortunadamente, los propagandistas proaborto han introducido una falsa complejidad en el tema del aborto. Si alguna vez usted presencia un debate sobre el aborto, notará cómo el lado proaborto hará todo lo que esté a su alcance para desviar la conversación de la humanidad del bebé no nacido a otros temas. En su lugar, hablará sobre temas como “autonomía” y “elección”, o se centrará por completo en el peor de los casos difíciles, como la violación y el incesto, que están tan cargados de emoción que la humanidad de la otra víctima en tales casos, es decir, el bebé no nacido, desaparece en una neblina de confusión que opaca el hecho ineludible de que todo aborto directamente provocado es un grave mal moral.

Hasta cierto punto, es comprensible que las personas inmersas desde que tienen uso de razón en las mentiras de la revolución sexual puedan estar confundidas acerca del aborto. Pero los cristianos no tienen esa excusa. Tenemos las Escrituras y las amonestaciones de Cristo sobre dar nuestra vida por nuestro prójimo, especialmente por los débiles e inocentes. Además, la Iglesia Católica siempre ha condenado el acto homicida del aborto. “Desde el siglo primero, la Iglesia ha afirmado la malicia moral de todo aborto provocado. Esta enseñanza no ha cambiado; permanece invariable. El aborto directo, es decir, querido como un fin o como un medio, es gravemente contrario a la ley moral” (Catecismo de la Iglesia Católica, no. 2271).

El aborto nunca puede ser una opción viable o estar moralmente justificado, independientemente de las circunstancias o intenciones individuales. Como individuos o como sociedad, debemos siempre, siempre rechazar y nunca apoyar la violencia del aborto. Es incompatible con el amor a Dios y al prójimo

Escandalosamente, es la apatía de los cristianos más que otra cosa lo que ha permitido que se difunda la violencia del aborto. Si cada iglesia cristiana se levantara y hablara con una voz profética contra la grave injusticia del aborto, y si cada iglesia se acercara a hombres y mujeres vulnerables al aborto con caridad como la de Cristo, el aborto terminaría de la noche a la mañana.

Las iglesias y los pastores deben evitar el “término medio razonable” cuando se trata del aborto. Cuando se trata del homicidio legalizado de inocentes, no existe un “término medio razonable”.

Ore por los no nacidos. Vote provida

Además, nunca debemos escuchar esas voces cínicas que afirman que la Iglesia no tiene derecho a “imponer” sus “creencias religiosas” a la sociedad sobre el tema del aborto. Al contrario, como discípulos del Señor Jesús, los cristianos tienen la obligación de participar en la formación del carácter moral de la sociedad. Es un requisito de nuestra fe.

El Papa Benedicto XVI, en su primera encíclica, Deus Caritas Est, explicó que “la caridad debe animar toda la vida de los fieles laicos y, por tanto, también su actividad política, vivida como ‘caridad social’”.

El Santo Padre escribió:

La Iglesia desea ayudar a formar las conciencias en la vida política y estimular una mayor comprensión de las auténticas exigencias de la justicia, así como una mayor disposición para actuar en consecuencia, incluso cuando esto pueda implicar conflictos con situaciones de interés personal…. La Iglesia no puede ni debe asumir la batalla política para lograr la sociedad más justa posible. Ella no puede ni debe reemplazar al Estado. Sin embargo, al mismo tiempo, no puede ni debe permanecer al margen de la lucha por la justicia (no. 28).

De hecho, hay muchos problemas importantes que enfrenta nuestro país y el mundo. Pero ninguno de ellos se compara con el homicidio legalizado y a escala industrial de seres humanos inocentes. Este gran mal en medio de nosotros nos afecta a todos. Decenas de millones de nuestros hermanos y hermanas más pequeños han desaparecido por culpa del aborto (63-67 millones en EEUU). Sus vidas fueron destruidas antes de que tuvieran la oportunidad de respirar por primera vez. Decenas de millones de hombres y mujeres han sido cómplices del aborto y, al mismo tiempo, han sido heridos en sus almas por este acto de violencia. Muchas familias han quedado devastadas. Gran parte de las generaciones futuras nunca llegarán a existir porque sus padres fueron muertos en el útero.

Y aquí no estamos hablando para condenar a nadie que se haya involucrado, cometido o apoyado un aborto. Nosotros amamos a estas personas, porque Dios Mismo las ama. Todas estas personas necesitan sanación interior y, lo más importante, reconciliarse con Dios, Quien siempre está dispuesto a perdonar, con tal de que haya un sincero arrepentimiento, ya que Su amor y Su misericordia son infinitas. En el caso de los católicos el recurso al Sacramento de la Confesión es imprescindible para reconciliarse con Dios. La Iglesia siempre permanecerá abierta para acoger con amor a estas personas que buscan la sanación y la reconciliación con Dios.

La Iglesia no es una institución política, pero debe hablar con voz profética sobre cuestiones morales que afectan a la política. Creemos que la vida humana es sagrada y que la dignidad de la persona humana es la base de una visión moral de la sociedad. Es la base de todos los principios de la doctrina social católica. Después de todo, ¿cómo podemos ser defensores creíbles de todos los demás problemas sociales que se interponen entre la vida y la muerte a menos que reconozcamos, amemos, sirvamos y defendamos la vida de cada niño no nacido inocente? Por eso la justicia social comienza en el útero.

Recordamos las palabras del Papa San Juan Pablo II, sobre la prioridad de defender la vida humana inocente:

Es imposible promover el bien común sin reconocer y defender el derecho a la vida, sobre el que se fundamentan y se desarrollan todos los demás derechos inalienables de las personas. Una sociedad carece de fundamentos sólidos cuando, por un lado, afirma valores como la dignidad de la persona, la justicia y la paz, pero luego, por otro lado, actúa radicalmente en sentido contrario al permitir o tolerar diversas formas por medio de las cuales la vida humana es devaluada y violada, especialmente donde es débil o marginada. Solo el respeto a la vida puede ser fundamento y garantía de los bienes más preciados y esenciales de la sociedad, como la democracia y la paz (Evangelium Vitae, no. 101).

Mientras celebramos el Mes del Respeto a la Vida, y mientras nos preparamos para votar en las elecciones estatales y nacionales de este año, recordemos la difícil situación de los no nacidos, los más vulnerables de nuestra sociedad. Durante este mes del Rosario, considere rezar esta poderosa arma espiritual todos los días por la protección de los no nacidos y todas las víctimas de la “cultura” de la muerte. Y cuando vayamos a votar (o enviemos nuestro voto por correo), votemos a favor de la vida.

VHI agradece a José Antonio Zunino, del Ecuador, la traducción de este artículo.

Publicado originalmente el 12 de octubre de 2020 en: https://www.hli.org/2020/10/1-human-rights-issue-facing-voters/

Notas:

[1]. https://www.americamagazine.org/faith/2019/11/12/us-bishops-threat-abortion-remains-our-preeminent-priority.

[2]. https://www.prolifeevangelicalsforbiden.com/.

[3]. https://www.hli.org/2020/10/judge-barretts-catholic-faith-exposes-leftist-bigotry/.


 

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