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Inicio Publicaciones Columna HLI La igualdad de Biden no es para los niños concebidos.

La igualdad de Biden no es para los niños concebidos.

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Por el Padre Shenan J. Boquet – presidente de Vida Humana Internacional.

Publicado el 1 de Noviembre del 2021.

 

El viernes pasado, el Presidente de Estados Unidos Joe Biden se reunió con el Papa Francisco en el Vaticano. Sin lugar a dudas, el presidente estuvo encantado de tener una reunión aparentemente muy cálida y amistosa, con las cámaras proyectando al mundo la apariencia de una fuerte unidad entre el segundo presidente católico de los Estados Unidos y la Iglesia a la que rara vez pierde la oportunidad de recordarle a la gente que pertenece de manera “devota”.

Los principales medios de comunicación, por su parte, también parecían extrañamente ansiosos por resaltar toda la evidencia del catolicismo del Presidente; digo que es algo que me parece extraño, dado el típico desprecio de los mismos medios de comunicación por la religiosidad abierta de casi cualquier otro funcionario público, particularmente si se inclinan políticamente o socialmente hacia la derecha. Muchos informes de noticias incluyeron la frase que se ha vuelto un cliché, y que de hecho aparentemente es de uso obligatorio: “Joe Biden, el devoto católico y romano”.

Es surrealista para quienes estamos comprometidos en la lucha por proteger la vida humana y la integridad de la familia leer esta frase una y otra vez, incluso cuando parece que cada semana trae un nuevo ataque contra todo aquello en lo que creemos, directamente desde el Oficina Oval. De hecho, la característica más conspicua de esta administración no es el catolicismo “devoto” de Biden, sino el compromiso casi religioso de su administración con los valores anti-vida y anti-familia del movimiento “woke” y el progresismo.


Una estrategia de “equidad de género” a favor del aborto

De hecho, pocos días antes de que el presidente Biden volara a Roma, su administración publicó una “Estrategia nacional sobre equidad e igualdad de género” de 42 páginas. El documento, como era de esperar, da el visto bueno a todos los movimientos “woke”, anti-vida y anti-familia.






En una sección del documento, por ejemplo, la administración explica que están siguiendo un enfoque "interseccional" para abordar la supuesta falta de trato justo a las “personas negras, latinas, indígenas y nativas americanas, asiáticas americanas, nativas hawaianas, e isleños del Pacífico y otras personas de color; miembros de minorías religiosas; personas lesbianas, gays, bisexuales, transgénero, queer e intersexuales (LGBTQI +)” etcétera, etcétera…

Lo que todo esto tiene que ver con la igualdad de género no está del todo claro, pero para los partidarios progresistas de la administración Biden, un lenguaje como este presiona todos los botones correctos.

Pero eso no es lo peor. Como escribieron los editores de National Review, el hecho de que la administración enumere a la “atención médica” como parte de una crisis de género en el documento parece “extraño” dado que "las mujeres tienen una expectativa de vida superior a los hombres en Estados Unidos de 5,7 años y esa brecha ha ido creciendo en la década pasada”. “Pero, por supuesto”, añaden astutamente, “el tema de la" salud de la mujer que más emociona la imaginación de los progresistas es el derecho permanente a exterminar a los no nacidos”.

Entre otras promesas, el documento de la Casa Blanca se compromete a “proteger el derecho constitucional al aborto seguro y legal establecido en Roe vs. Wade en los Estados Unidos, al tiempo que promueve el acceso a la salud y los derechos sexuales y reproductivos tanto en el país como en el extranjero”. Específicamente, el documento se compromete a codificar Roe vs. Wade en la ley y derogar la Enmienda Hyde, que prohíbe la financiación del aborto por parte de los contribuyentes nacionales.

La administración también lamenta que “la salud y los derechos reproductivos en los Estados Unidos estén bajo ataque”. En particular, destacan la Ley de Latidos de Texas, la cual manifiestan que “viola descaradamente los derechos constitucionales de las mujeres al coartar el acceso al aborto en el segundo estado más grande de nuestra nación y amenazar los derechos reproductivos en todo el país”.

Esta oposición a una ley que está salvando miles de vidas humanas choca de manera discordante con la introducción del documento, en el que el Presidente Biden y la Vicepresidente Harris escriben que la estrategia es parte de la “noble tradición estadounidense”, ya que, “Estados Unidos es único entre los naciones del mundo porque fuimos construidos sobre una idea: que cada uno de nosotros es igual en dignidad y merece ser tratado por igual”.

Para Biden y Harris, parecería que "todos somos iguales", excepto los niños concebidos.

 

¿Católico devoto?

Afortunadamente, algunos obispos de Estados Unidos no han dudado en señalar la desconexión y coherencia entre la retórica del supuesto “católico devoto” y la realidad de las posturas morales lamentablemente fuera de las enseñanzas católicas del Presidente Biden.

El arzobispo Joseph Naumann de Kansas City, director del Comité de Actividades Pro-Vida de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB), dijo recientemente al canal de TV EWTN News Nightly que le parece “triste” que la administración de Biden esté “bajo el control de extremistas del aborto”.

“A Joe Biden le gusta llamarse a sí mismo un católico devoto”, agregó el arzobispo Naumann. “Lo instaría a comenzar a actuar como tal, especialmente en los asuntos relacionados con la vida. Y dejar que su fe realmente guíe su conciencia y a las decisiones que está tomando, sin seguir ciegamente la agenda de su partido”.

Recientemente, el ex congresista demócrata Daniel Lipinski, quien fue uno de los últimos políticos demócratas federales verdaderamente pro-vida, escribió un interesante artículo de opinión para The Washington Post. En él, advirtió que aquellos que argumentan si los políticos católicos pro-aborto como Biden y Pelosi están o no completamente alineados con el Papa Francisco porque están de acuerdo con él en temas como la inmigración, están imponiendo categorías políticas estadounidenses estrechas a la Iglesia Católica.

“La realidad desafiante para los demócratas que buscarían reclamar al Papa Francisco como parte de su bando es que existe un conflicto directo entre muchas de las políticas del partido demócrata y las enseñanzas de la Iglesia Católica, especialmente aquellas relacionadas con los temas preeminentes de la vida y la dignidad humana” escribió Lipinski.

Además añadió:

Menos de dos semanas después de que Joe Biden y Nancy Pelosi (Demócrata de California) criticaran la ley de Texas que prohibía efectivamente la mayoría de los abortos quirúrgicos, el Papa dijo que "los que practican abortos matan", y a su vez comparó al aborto con la contratación de “un asesino a sueldo para resolver un problema”. El Papa también ha dicho que la “ideología de género es "peligrosa” y ha rechazado el matrimonio entre personas del mismo sexo, explicando que "el matrimonio es un sacramento y la Iglesia no tiene el poder de cambiar los sacramentos".

 

Mensajes confusos.

Lipinski tiene razón al señalar que el Papa Francisco ha hecho algunas declaraciones muy fuertes sobre el tema del aborto y sobre la ideología de género, y que las opiniones de Biden están lamentablemente fuera de sintonía con las enseñanzas oficiales de la Iglesia. Desafortunadamente, sin embargo, las posturas del Santo Padre sobre esos temas no se  escucharon en ningún momento durante su reunión con el Presidente Biden el viernes.




Un breve comunicado de prensa del Vaticano solo detalla que el Papa Francisco y el Presidente Biden hablaron sobre "la protección y el cuidado del planeta, la situación de la salud y la lucha contra la pandemia Covid-19, así como el tema de los refugiados y la asistencia a los migrantes". Casi como un pensamiento tardío, la declaración señala que, “…también se hizo referencia a la protección de los derechos humanos, incluida la libertad de religión y conciencia".

Por importantes que sean estos temas mencionados, es difícil entender por qué deberían tener tanta prioridad en un momento en que el Presidente supuestamente católico está lanzando un asalto total contra la vida y la familia en los Estados Unidos. Simplemente, no hay duda de que la administración del Presidente Biden es la mayor amenaza para la cultura de la vida y la familia en los Estados Unidos en este momento.

En un comunicado emitido la semana pasada, el cardenal Raymond Burke lamentó la “situación a largo plazo y gravemente escandalosa de los políticos católicos que persisten en apoyar y promover programas, políticas y leyes en grave violación de los preceptos más fundamentales de la ley moral, mientras que, en al mismo tiempo, pretendiendo ser católicos devotos, especialmente presentándose para recibir la Sagrada Comunión”.

El cardenal Burke escribió la declaración antes de la reunión anual de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos en noviembre, donde se espera que discutan la cuestión de los políticos pro-aborto y la Sagrada Comunión. Desafortunadamente, sin embargo, en el mismo momento en que los obispos estadounidenses se preguntan si deben adoptar una postura firme en defensa de la vida, están recibiendo mensajes contradictorios sobre las prioridades del Vaticano y del Santo Padre.

Desafortunadamente, después de salir de su reunión con el Papa, el Presidente Biden dijo a los medios de comunicación que el Santo Padre le había dicho que era un “buen católico” y que debía continuar recibiendo la Comunión. Cuando se le preguntó sobre este comentario, un portavoz del Vaticano simplemente dijo que esos temas fueron parte de “una conversación privada”.

No conocemos todos los detalles de lo que hablaron el Papa Francisco y Joe Biden. Ciertamente podemos esperar que el Santo Padre haya hecho un fuerte llamado a la conciencia de Biden. Aunque, vale la pena señalar que en una entrevista reciente el Papa Francisco indicó que nunca le ha negado la Comunión a nadie.

Pero incluso si el Papa no le pidió cuentas a Joe Biden sobre sus acciones, la verdad está ahí para que Biden la encuentre. Ha estado ahí todo el tiempo. Como el Papa San Juan Pablo II dejó perfectamente claro en Evangelium Vitae:

Es imposible promover el bien común sin reconocer y defender el derecho a la vida, sobre el que se basan y se desarrollan todos los demás derechos inalienables de las personas. Una sociedad carece de fundamentos sólidos cuando, por un lado, afirma valores como la dignidad de la persona, la justicia y la paz, pero luego, por otro lado, actúa radicalmente en sentido contrario al permitir o tolerar diversas formas de la vida humana es devaluada y violada, especialmente donde esta forma de vida es débil o es marginada. (Número. 101)

Es extraño para los activistas pro-vida como yo que el Papa Francisco condena tan abiertamente el aborto como un asesinato, a tal punto de compararlo con la “contratación de un sicario”, y sin embargo no enfatizaría fuertemente su posición en este tema tan fundamental durante una  reunión, que no se da de manera frecuente, con el Presidente católico pro-aborto de los Estados Unidos. Como lo enfatiza acertadamente el cardenal Burke en su carta, es difícil exagerar el escándalo de tener tantos políticos “católicos” prominentes que apoyan abiertamente el aborto. Incluso la apariencia de que el Santo Padre no cree que este tema sea lo suficientemente importante como para discutirlo con el Presidente ciertamente hace que el trabajo de los activistas pro-vida y obispos en los Estados Unidos sea más desafiante.

Debemos orar por el Santo Padre, para que use su amistad e influencia con el Presidente Biden para llamarlo a la conversión en este tema, el más urgente de todos. Y debemos orar por el Presidente Biden, que está cerca de los últimos años de su vida, para que todavía pueda aprender a usar su enorme poder para proteger, en lugar de atacar la vida y la familia, deshaciendo así parte del gran daño que ha causado a lo largo de todo el proceso de su dilatada carrera política.

 

https://www.hli.org/2021/11/bidens-equality-isnt-for-the-unborn/

 

 

 

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